Dos músicos presencian accidentalmente un asesinato cometido por la mafia y, para escapar, se disfrazan de mujeres y se unen a una orquesta femenina. Allí conocen a Sugar, una cantante interpretada por Marilyn Monroe, lo que complica todavía más la situación. Es una comedia muy ágil basada en equívocos, identidad y dobles sentidos. Billy Wilder utiliza el humor para cuestionar las convenciones sociales y de género de su época, y su ritmo, diálogos y reparto hacen que siga funcionando sorprendentemente bien décadas después.
Mia, aspirante a actriz, y Sebastian, pianista de jazz, se conocen en Los Ángeles mientras ambos intentan abrirse camino profesionalmente. Su relación se desarrolla entre sueños, sacrificios y decisiones que poco a poco ponen a prueba su vida en común. Visualmente muy cuidada y con clara inspiración en los musicales clásicos, la película combina romanticismo y melancolía para hablar sobre el precio de perseguir una vocación. Destaca especialmente por su música, fotografía y un final que evita el desenlace romántico más convencional.