Thor vive aparentemente feliz en Asgard como un guerrero invencible y futuro heredero al trono, hasta que su arrogancia y un acto de imprudencia desatan una antigua guerra que fractura la paz de su reino. Para darle una lección de humildad, su padre Odín lo despoja de sus poderes y lo destierra al mundo real (la Tierra), donde se enfrenta a una realidad muy distinta al verse privado de su estatus divino. La película utiliza el universo de los cómics de Marvel como punto de partida para hablar de la madurez, la carga del deber, el valor de la humildad, las complejas dinámicas familiares y los celos fraternales entre herederos. Combina épica fantástica, drama de tintes shakespearianos y comedia de pez fuera del agua con una estética que contrasta la grandiosidad dorada con lo cotidiano; aunque algunas ideas de su trama transcurren de forma muy directa, destaca por convertir un blockbuster comercial en una película con una identidad teatral y mitológica bastante reconocible gracias a la dirección de Kenneth Branagh.